Prólogo:
Este relato ha sido de lo más duro que he escrito. Por el momento. Sobre un asesino en serie, Paul Bernardo y su mujer, Karla Homolka. Lo he intentado escribir igual de desgarrador que lo he sentido al leer sobre su vida y ver una película. Desgarrador y frío. Y con un tono sexual pervertido que es el que protagonizaba sus vidas.
PAUL BERNARDO Y KARLA HOMOLKA
- ¿Kar? ... ¿Kar? ¿Dónde estás putita? ¡Ven aquí!
Karla se había marchado. Esa misma noche Paul B. le zumbó una buena paliza. Llevaba la cara destrozada. Los golpes que le dio Paul B. se instalaron principalmente alrededor de sus ojos. Apenas los podía abrir. Su labio inferior estaba hinchado y partido. Un rastro de sangre cuajada seguía allí. Pasó la noche en el sótano. Paul B. la arrojó por las escaleras y quedó allí tendida, seminconsciente. Ese mismo lugar donde había descuartizado a Leslie, la primera víctima después de lo de Tammy.
Karla se había marchado. Esa misma noche Paul B. le zumbó una buena paliza. Llevaba la cara destrozada. Los golpes que le dio Paul B. se instalaron principalmente alrededor de sus ojos. Apenas los podía abrir. Su labio inferior estaba hinchado y partido. Un rastro de sangre cuajada seguía allí. Pasó la noche en el sótano. Paul B. la arrojó por las escaleras y quedó allí tendida, seminconsciente. Ese mismo lugar donde había descuartizado a Leslie, la primera víctima después de lo de Tammy.
-Sonrie, Leslie.
-No, por favor, no me hagas daño.
-¡Que sonrias coño! Nos lo estamos pasando
bien ¿no? Dilo.
-Nos lo pasamos bien.
-Así me gusta. No abras los ojos. Y
desnúdate.
Pero los abrió. Error fatal. Paul B. la
mató y me obligó a trocearla. Metí cada parte de su cuerpo en cajas llenas de
cemento. De una salía un pie. En otra se atisbaba un poco de pelo. La cabeza
estaba lapidada bajo el hormigón. Sus ojos estaban abiertos. Me resultó
imposible cerrarlos. Pero esa argamasa los cubrió para siempre. Ya no me
miraba. Corté el cuerpo de Leslie en tantos trozos como pude y los fui
introduciendo en las cajas. La emparedé. Esta noche no he dormido. Por la
mañana, en cuanto he escuchado que Paul B. arranca el coche, me largo.
-¿Kar? ¿Dónde estás zorra? Cuando te coja
te mato, puta. Si te has ido ¡lo pagarás caro!
A esta fulana la mato. Se está pasando de
la raya. Solo quiero follarla un rato. Para eso la tengo. Ella lo sabe. Desde
el día que nos conocimos y quiso que se la metiera, delante de su amiga, me
pertenece. Es mi juguete y mi esclava. Soy su amo. Tuve que casarme con ella.
Me lo suplicaba. Accedí. Las otras son distracciones. Es tan fácil llegar a
ellas. Y cuando las tengo bajo mis órdenes, amordazadas, les meto la polla
hasta que no puedo más. A Tammy me la follé tres veces seguidas. Karla mira. Y
eso me pone más todavía. Es su hermanita pequeña. Tan inocente. Karla está
celosa. Hará lo que yo le pida. La droga. Yo la penetro por delante y por
detrás. La cámara lo graba todo. Luego pondremos la grabación. Se me pone dura
de pensarlo. Tammy está inconsciente. Empieza a salirle una pasta por la boca.
Joder. Karla. Te has pasado con la dosis. Zorra. Ahora tu puta hermanita está
muerta. Mierda.
-¿Tammy? ¿Tammy? Despierta joder. ¡Tammy!
Después de morir Tammy, el juego continuó.
Cada vez más.
-Vamos a jugar Kar. Ven conmigo. Daremos
un paseo con el coche. A ver qué encontramos. ¡Sube! ¡Que subas te digo,
hostia!
Kristen iba por la calle, andando, con
paso firme, con su mochila. Se dirigía a casa después del instituto. Sola. Un
coche paró a su lado y le preguntó las indicaciones para llegar a un lugar
cercano.
Una chica muy guapa y su marido, supongo.
Me gustaría ser así de mayor. Parecen tan felices. La chica sale del coche con
un mapa para que le indique mejor. Mientras lo hago, el hombre me tapa la boca
y me introduce en el asiento trasero del vehículo. Me amenaza con una navaja.
Me obliga a callar. Y me lleva hasta una casa. Allí me tortura y viola varias
veces cada día.
-Te voy a grabar en esta cámara, puedes
saludar a tus padres, Kristen. Pórtate bien. Tienes que hacer todo lo que yo te
diga. ¿Lo entiendes?
-Sí.
-Sí, mi amo. Repite, puta. Sí, mi amo.
-Sí, mi amo.
-Saluda a la cámara.
No seguí sus reglas. Hay cosas por las que vale la pena morir. Miraba a la mujer, a la que acababa de pegar y golpear y pensé en lo equivocada que estaba cuando quise ser ella, o como ella, en un futuro.
No seguí sus reglas. Hay cosas por las que vale la pena morir. Miraba a la mujer, a la que acababa de pegar y golpear y pensé en lo equivocada que estaba cuando quise ser ella, o como ella, en un futuro.
-¿Por qué no te vas? ¿Por qué aguantas eso?
-No lo entenderías. Es muy complicado.
Paul B. llegaba a casa a menudo con cara
de haberse tirado a alguna víctima. Exhausto de tanto sexo. Yo lo besaba. Él no
me respondía. Sólo quería dormir. Había perdido la cuenta de las mujeres,
adolescentes, jóvenes, en las que había entrado su pene. No siempre las traía a
casa. No siempre las mataba. Algunas tenían suerte y sólo quedaban desgarradas.
El sexo anal era su preferido. Quería meterla por el culo siempre que podía.
Era mejor dejarlo hacer. Si se enfadaba, era peligroso. Era el puto rey. Mi
rey. Y yo su puta. Su cómplice. Pero ya no puedo más. Lo escupo todo. Lo
suelto. Lo disparo por mi boca. Lo arrestan. Salgo a bailar, a divertirme, para
celebrarlo. Y follo con otro. Soy libre.
Ahora, que no puedo ir por más presas, que
estoy aquí encerrado, por tu culpa, Kar, que te jodan, tengo grabado en mi
mente todo lo que has hecho, para mí, fulana, cuando pueda te mataré, pero
antes te torturaré y violaré hasta que mueras solita, de tanto follar, repaso
cada escena, cada caso, cada mujercilla, y me corro cada noche, escucho los
quejiditos, los tuyos y los de todas, y sin tocarme, no hace falta, eyaculo, encima
de ti, en tu boca, trágatelo, te cojo del cuello, quiero ver como dejas de
respirar mientras tragas. Reza para que no salga de aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias.